Una aproximación crítica al rol del intelectual en James y Rorty

Si la filosofía no es una cuestión técnica, sugiere James, no hay razón para continuar perpetuando malos hábitos profesionales que, al limitarnos a una mera reelaboración del saber canónico, tienden a legitimar sólo el pensamiento inauténtico. Así pues, los filósofos no debemos caer en la arrogancia...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Fontana, Juan Manuel
Formato: Objeto de conferencia
Lenguaje:Español
Publicado: 2011
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/35635
http://jornadasfilo.fahce.unlp.edu.ar/viii-jornadas-2011/actas-2011/el-hilo-y-el-laberinto-aproximaciones-a-y-desde-201cun-universo-pluralista201d-de-william-james/Fontana-%20Juan%20Manuel.pdf/view
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Sumario:Si la filosofía no es una cuestión técnica, sugiere James, no hay razón para continuar perpetuando malos hábitos profesionales que, al limitarnos a una mera reelaboración del saber canónico, tienden a legitimar sólo el pensamiento inauténtico. Así pues, los filósofos no debemos caer en la arrogancia de creer que ocupamos posiciones de privilegio. Es hora de renunciar a todo afán meramente especulativo para prestar atención al tipo de realidad que nuestras ideas ayudan a construir. Casi un siglo después, los ecos del legado jamesiano pueden oírse en la condena de Rorty hacia los intelectuales de la izquierda contemporánea. Los intelectuales de esta izquierda autista y ególatra, señala el filósofo neopragmatista, vienen prefiriendo ser meros espectadores en lugar de comportarse como sujetos activos movidos por la esperanza siempre infundada de construir un futuro mejor. Y la diferencia que existe entre estas dos actitudes, es la diferencia que media entre aislarse en el gueto académico de la política cultural o intervenir en iniciativas políticas concretas capaces de reducir el sufrimiento humano innecesario. En este punto, interesa pues asumir la perspectiva de la filosofía de la liberación latinoamericana para poder indagar en las implicancias políticas que derivan de esta saludable resignificación del rol del intelectual. A la luz de un planteo como el de Dussel, el declarado anti-intelectualismo posmoderno (post-marxista) del enfoque neopragmatista acabará naturalizando las desigualdades socioeconómicas estructurales, y con ello legitimando, más que disminuyendo, el dolor de las personas que sufren a causa de ellas.