25 años sin Kurt Cobain
Escuchar Nirvana no es fácil. Quiero decir, es simple, le das play y listo, pero el asunto no queda ahí. Nirvana tiene un después, un envolvente embrujo que retumba a partir del acorde y el rugido de Kurt Cobain. El sonido, la letra, el tono de voz, el aullido, todo cuaja. Y aunque también desencaje...
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| Autor principal: | |
|---|---|
| Formato: | Articulo |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
2019
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/73954 https://primerageneracion.net/2019/04/05/25-anos-sin-kurt-cobain/ |
| Aporte de: |
| Sumario: | Escuchar Nirvana no es fácil. Quiero decir, es simple, le das play y listo, pero el asunto no queda ahí. Nirvana tiene un después, un envolvente embrujo que retumba a partir del acorde y el rugido de Kurt Cobain. El sonido, la letra, el tono de voz, el aullido, todo cuaja. Y aunque también desencaje y enfurezca, la música nirvanera es un presente continuo y un ardor constante. Si nos focalizamos en su función dentro de la industria cultural, podemos entender que son canciones sueltas o agrupadas dentro de una escena corporativa abrasiva y panóptica. Ahora bien, si agudizamos un poco más la mirada, vemos una estallido artístico y, sobre todo, una puesta en común de lava eléctrica centralizada en la figura de Kurt Cobain, atormentado de sentido por excelencia. |
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