De la imposición a la articulación

La primera consideración que deberíamos hacer es que nos parece más apropiado hablar de pedagogía actoral que de pedagogía teatral. Tiempo atrás, en ocasión de lanzar la revista de pedagogía Ritornello, veíamos con Fernando Orecchio, que el horizonte de desempeño de un actor desborda de manera clara...

Descripción completa

Guardado en:
Detalles Bibliográficos
Autor principal: Bonamino, Gustavo
Formato: Articulo
Lenguaje:Español
Publicado: 2020
Materias:
Acceso en línea:http://sedici.unlp.edu.ar/handle/10915/97535
Aporte de:
Descripción
Sumario:La primera consideración que deberíamos hacer es que nos parece más apropiado hablar de pedagogía actoral que de pedagogía teatral. Tiempo atrás, en ocasión de lanzar la revista de pedagogía Ritornello, veíamos con Fernando Orecchio, que el horizonte de desempeño de un actor desborda de manera clara la sola actividad teatral. Es decir, que la actividad pedagógica para formar un actor debe incluir necesariamente otras disciplinas complementarias y, a priori, más complejas en su capacidad de conexión. Algunas preguntas: ¿Cuáles serían los límites y diferencias entre la formación de un actor y la de un artista? ¿Es solamente una cuestión de tiempo y extensión cuantitativa de contenidos? ¿Cómo formar actores en una técnica, en un método, cuando la perspectiva estética, por cierto cada vez más amplia y mixturada, es su destino deseado e impredecible? ¿Cómo escapar de los absolutismos, cada vez más relativos en el campo del arte, manteniendo el rigor conceptual que toda formación sistematizada requiere?