La literatura “ante la ley”: hipótesis en tres escenarios

Ley, lenguaje y creación: una introducción romántica En respuesta a la temática que nos convoca, quisiera proponer tres escenas para pensar la relación entre literatura y ley. La primera nos sitúa en el Romanticismo francés, de la mano de Víctor Hugo, concretamente frente al “Prefacio” que escrib...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Puppo, María Lucía
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Instituto para la integración del saber 2022
Materias:
LEY
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/14065
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Sumario:Ley, lenguaje y creación: una introducción romántica En respuesta a la temática que nos convoca, quisiera proponer tres escenas para pensar la relación entre literatura y ley. La primera nos sitúa en el Romanticismo francés, de la mano de Víctor Hugo, concretamente frente al “Prefacio” que escribió para su obra de teatro Cromwell, de 1827. En este famoso escrito, compuesto para defender su obra frente a los detractores neoclásicos, el poeta de veinticinco años exponía sus puntos de vista sobre la literatura y el teatro. Como buen romántico, recuperaba el valor de lo feo y lo grotesco en el arte, al tiempo que repudiaba las reglas aristotélicas de unidad de lugar, de tiempo y de acción. Dando también la espalda a las normas del decoro y a siglos de preceptivas “escolásticas”, declaraba en contrapartida: La cita nos advierte que, aun en el deseado reino de la libertad romántica, existen para Víctor Hugo reglas ineludibles. Estas son de dos tipos: las que tienen que ver con la verosimilitud de los personajes y la causalidad lógica de las acciones, que Víctor Hugo identifica como “reglas generales de la naturaleza”, en la medida en que el arte toma elementos de la realidad, y las que se relacionan con el procedimiento artístico, que el poeta designa como “leyes especiales que cada composición necesita”. De modo que el punto no es, para este autor, dilucidar si hay o no reglas válidas o legítimas (de eso no duda), sino delimitar cuál es la actitud deseable del artista frente a esas leyes o reglas. Ejemplifica entonces dos actitudes en términos metafóricos: por un lado, la figura del químico designa a quien trabaja rutinaria y mecánicamente, consumiendo sus materiales; por otro, la imagen de la abeja representa al artista que sabe tomar de la vida su materia prima sin dañarla ni destruirla...