Concepto y ser

El Nominalismo medioeval diluyó el concepto como aprehensión vital del ser y redujo todo el conocimiento a experiencia sensitiva de lo concreto. El concepto era substituido por un simple nombre, que agrupaba bajo su evocación las múltiples experiencias de la realidad individual. En la Edad Modern...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Derisi, Octavio Nicolás
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras 2022
Materias:
SER
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/14198
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Descripción
Sumario:El Nominalismo medioeval diluyó el concepto como aprehensión vital del ser y redujo todo el conocimiento a experiencia sensitiva de lo concreto. El concepto era substituido por un simple nombre, que agrupaba bajo su evocación las múltiples experiencias de la realidad individual. En la Edad Moderna, el Racionalismo de Descartes reivindica el valor del concepto: a todo concepto o “idea clara y distinta” corresponde una realidad y una realidad tal cual es representada por aquél. Pero el concepto no es ya una aprehensión o asimilación intencional del objeto trascendente, sino una simple representación del mismo. Sabemos que a ella corresponde perfectamente una realidad sólo en virtud de la Veracidad divina, la cual, al infundirnos tales ideas, nos asegura de su conformidad con los seres que representan. Otro tanto acaece con la Monadología de Leibniz: cada mónada o elemento indivisible de la realidad tiene su vida inmanente y sólo conoce representando los demás seres. Tal Subjetivismo representativo se acentúa aún más en el Empirismo inglés del siglo XVII y XVIII, que llega a confundir el “ser real con el ser percibido” -esse est percipi- de Berkeley y culmina con el Fenomenismo agnóstico y escéptico de Hume. El Conceptualismo logra todo su desarrollo subjetivista en Kant: el concepto está reducido a una pura forma de la inteligencia, vacía enteramente de ser, que actúa no para conocer o aprehender el ser real, sino sólo para organizar y conferir así categoría de objeto universal y necesario a los fenómenos individuales y contingentes de la sensibilidad. Tal concepto, como pura forma, no sobrepasa la subjetividad de los fenómenos, y la realidad en sí permanece inalcanzada, más allá de todo conocimiento válido...