Verdad e historia

Resumen: 1.-Desde el siglo pasado la Filosofía se ha aplicado reflexivamente al tema de la Historia. El hombre, unidad sustancial de cuerpo y alma, en razón de su cuerpo está instaurado en el tiempo, más aún, es un ser temporal y, como tal, cambiante. Por el contrario, por su espíritu. es un ser sus...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Derisi, Octavio Nicolás
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras 2022
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/14261
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Sumario:Resumen: 1.-Desde el siglo pasado la Filosofía se ha aplicado reflexivamente al tema de la Historia. El hombre, unidad sustancial de cuerpo y alma, en razón de su cuerpo está instaurado en el tiempo, más aún, es un ser temporal y, como tal, cambiante. Por el contrario, por su espíritu. es un ser sustancialmente inmutable y permanente y a la vez consciente y libre. De esta conjunción de corporeidad temporal y de dominio sobre la misma, de la unidad permanente del espíritu por la conciencia y la libertad, se origina la Historia. El hombre es un ser esencialmente histórico, cambiante en su ser y actividad individuales y en sus múltiples creaciones de los distintos sectores de la cultura, que constituyen su mundo: el Arte y la Técnica, la Moral, el Derecho, la Economía y la Sociología, la Ciencia, la Filosofía y la Teología: nada humano en sí mismo y en su proyección cultural sobre el mundo y sobre el propio hombre escapa a su carácter histórico. 2.-Esta verdad, que hoy se manifiesta en toda su fuerza y hasta nos parece evidente por demás, fue descuidada sin embargo o no tenida en cuenta suficientemente en épocas anteriores. Muchos sistemas filosóficos se organizaron como si la inteligencia no estuviera encarnada y no dependiera en su actividad espiritual propia de la vida de los sentidos y, consiguientemente, de la materia. Tal ha sido la posición de los grandes sistemas exageradamente espiritualistas o racionalistas, desde Platón a Hegel pasando por Descartes, Leibniz y Espinoza. Sólo hay una verdad absoluta, de acuerdo a esta posición, enteramente descarnada y desvinculada de la Historia.