No existe el «intercambio». El ‘doy para que des’ (do ut des) como principio falocrático-patriarcal de la subjetivación y de la sociabilidad

Resumen: A la hora de fundar las relaciones y las prácticas sociales y sexuales, la filosofía política moderna partió de un doble supuesto falocrático incuestionado; a saber: que es necesario, en primer lugar, dividir a los seres humanos según el binomio activos/pasivos para, acto seguido, organiz...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Chicolino, Martín
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras. Centro de Estudiantes de Filosofía 2022
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/14554
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Descripción
Sumario:Resumen: A la hora de fundar las relaciones y las prácticas sociales y sexuales, la filosofía política moderna partió de un doble supuesto falocrático incuestionado; a saber: que es necesario, en primer lugar, dividir a los seres humanos según el binomio activos/pasivos para, acto seguido, organizar todas las prácticas y todas relaciones humanas económicas, sociales y sexuales dentro de una cuadrícula (o forma universal de codificación) de carácter jurídico-contractual y fiduciaria heredada del viejo derecho romano, cuya fórmula es: do ut des; facio ut facias; do ut facias; facio ut des (doy para que des; hago para que hagas; doy para que hagas; hago para que des). Pero esta división entre sujetos activos/pasivos es una derivada o un producto de una binomización y biunivocización anterior, tenida como un a priori milenariamente incuestionado; a saber: la división varones/mujeres (que funda la llamada ‘diferencia sexual’). Estudiaremos cómo la concepción jurídico-contractual moderna del sujeto, de la sexualidad, y del poder funcionará como forma de codificación universal con la que se procederá a capturar todas las relaciones y todas las prácticas humanas (actuales y posibles) bajo el modelo andromórfico y falocrático del intercambio y del contrato (social y sexual). Bajo el imperio del falo-poder (y supuesto el régimen actual de producción de subjetivación humana), ¿hasta qué punto es lícito decir que realmente existe un “inter-cambio” entre los seres humanos?