Afectividad, obrar humano, moralidad

Resumen: "El bien es aquello que todos apetecen", "el bien humano consiste en la buena operación", ¡qué distantes resultan estas dos frases, tan propias de Aristóteles o de Santo Tomás, del común decir y comportarse de los hombres! En su lugar, con fórmulas variadas, se dice q...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Donadío Maggi de Gandolfi, María C.
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras 2022
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/13514
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Descripción
Sumario:Resumen: "El bien es aquello que todos apetecen", "el bien humano consiste en la buena operación", ¡qué distantes resultan estas dos frases, tan propias de Aristóteles o de Santo Tomás, del común decir y comportarse de los hombres! En su lugar, con fórmulas variadas, se dice que "bueno es lo que me gusta" como sucedáneo de la primera frase, y "hago lo que me gusta", por la segunda de ellas, expresando de esta forma una estructura tendencial y dinámica muy diferente. Esta suerte de "afectivismo universal" goza de un carácter orientador y normativo que no sólo es recurso de autoafirmación entre los adolescentes, sino que cada vez más parece regir las decisiones más "adultas" en materia de prácticas religiosas o morales, en las manifestaciones culturales, en las expresiones del arte, en la determinación de las leyes de un estado, en los juicios sobre las costumbres, en las valoraciones, en la educación, etc., etc. Llega a extremos de permutar las exigencias básicas de la subsistencia y de la vida, por el suicidio paulatino —orgánico o psicológico— que importa el irreflexivo compromiso con la droga, el aborto, la pornografía, la promiscuidad sexual. No es el coraje de un querer que afronta la aventura, el riesgo, el peligro por derroteros dignos de perder incluso la vida. Es el nihilismo de una búsqueda del querer, por y para querer, sin meta ni objetivo, pues al fin de una etapa sólo resta la posibilidad de una nueva proyección, en el vacío. Es un amor que todo legitima sin justificar ni explicar nada, más bien oponiéndose a toda justificación en aras de una espontaneidad sin medida.