El estatuto del ser humano en la época de la ciencia

Resumen: Estamos aquí para celebrar los diez años de la Encíclica Fides et ratio, tal vez la más importante del pontificado de Juan Pablo II, el grande, y sin duda su testamento espiritual. Por mi parte, no voy a emprender un comentario de dicha Encíclica, lo que ya he hecho en varias oportunidade...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Sánchez Sorondo, Marcelo
Formato: Artículo
Lenguaje:Español
Publicado: Pontificia Universidad Católica Argentina. Facultad de Filosofía y Letras 2019
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/4251
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Descripción
Sumario:Resumen: Estamos aquí para celebrar los diez años de la Encíclica Fides et ratio, tal vez la más importante del pontificado de Juan Pablo II, el grande, y sin duda su testamento espiritual. Por mi parte, no voy a emprender un comentario de dicha Encíclica, lo que ya he hecho en varias oportunidades, especialmente cuando la Encíclica fue promulgada. En la actual oportunidad quisiera en cambio, partiendo de algunas intuiciones presentes en ella, afrontar el problema del estatuto del ser humano en una época dominada por la ciencia. Me inspira particularmente el siguiente texto de la Encíclica: “la metafísica no se ha de considerar como alternativa a la antropología, ya que la metafísica permite precisamente dar un fundamento al concepto de dignidad de la persona por su condición espiritual. La persona, en particular, es el ámbito privilegiado para el encuentro con el ser y, por tanto, con la reflexión metafísica”. Al final de su laborioso camino en la Crítica de la razón pura que gira en torno al yo trascendental, Kant confesaba, con la sinceridad de un antiguo estoico, un profundo sentimiento de expectación: “Todo el interés de la razón (el especulativo lo mismo que el práctico) se concentra en las siguientes tres preguntas: 1) ¿Qué puedo saber? 2) ¿Qué debo hacer? 3) ¿Qué puedo esperar?". Cuando luego retoma esta temática en la tardía Logik, agrega una cuarta pregunta: “¿Qué es el hombre?”. En efecto, Kant añade —y la puntualización es una novedad de valor fundamental— “todo esto podría atribuirse a la antropología ya que las tres primeras preguntas se relacionan con la última, es decir, ¿qué es el hombre?”. Estas preguntas, que hacen de la antropología el lugar privilegiado de la búsqueda de la verdad, convierten a Kant en uno de los pensadores modernos más radicales y geniales, y al mismo tiempo en uno de los más problemáticos.