La nupcialidad en San Juan de la Cruz

"El lenguaje es nuestro, no de Dios. Nuestro, luego insuficiente, no solo para hablar de Dios, sino para hablar de nuestra personal experiencia de Dios. Esto es un estribillo en los grandes testigos de la acción de Dios en sus vidas. Así como este otro: quien tenga experiencia me entenderá. El...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Herráiz García, Maximiliano
Otros Autores: Congreso Internacional de Literatura, Estética y Teología "El amado en el amante : figuras, textos y estilos del amor hecho historia" (6º : 2016 : Buenos Aires)
Formato: Documento de conferencia
Lenguaje:Español
Publicado: 2019
Materias:
Acceso en línea:https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/4373
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Descripción
Sumario:"El lenguaje es nuestro, no de Dios. Nuestro, luego insuficiente, no solo para hablar de Dios, sino para hablar de nuestra personal experiencia de Dios. Esto es un estribillo en los grandes testigos de la acción de Dios en sus vidas. Así como este otro: quien tenga experiencia me entenderá. El recurso a símbolos es método frecuente en estos grandes exploradores de la relación de Dios con “la única creatura terrestre a la que Dios amó por sí misma” (GS 24,3). El símbolo señala, dispara hacia adelante, abriendo la dirección a seguir; sugiere más que dice, aunque dice mucho. El símbolo del matrimonio o de nupcialidad goza de presencia destacada en la Biblia judeo‐cristiana, de donde pasa a los místicos cristianos, desde los primeros padres de la Iglesia a los místicos posteriores, como san Juan de la Cruz, de quien me ocupo en este trabajo. Este símbolo ilumina con fuerza la relación interpersonal Dios-persona, de principio a fin, comunión, amistad, crecimiento simultáneo de la individualidad y de la comunión, relación activa-pasiva desde Dios, pasiva-activa desde la persona, relación de amor, fuente limpia y profunda de “conocimiento”, de sabiduría de Dios y de sí mismo..."