Editorial

El número 15 de ConCienciaSocial, titulado Abordajes Híbridos para un Trabajo Social Contemporáneo, nos invita a reflexionar sobre las incesantes transformaciones de las prácticas disciplinares en términos teóricos, pero también políticos. Nos encontramos en un momento histórico que desafía las form...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Carmona, Juan Sabogal
Formato: Artículo revista
Lenguaje:Español
Publicado: Instituto de Política, Sociedad e Intervención Social (IPSIS) de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) 2024
Materias:
Acceso en línea:https://revistas.unc.edu.ar/index.php/ConCienciaSocial/article/view/46956
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description El número 15 de ConCienciaSocial, titulado Abordajes Híbridos para un Trabajo Social Contemporáneo, nos invita a reflexionar sobre las incesantes transformaciones de las prácticas disciplinares en términos teóricos, pero también políticos. Nos encontramos en un momento histórico que desafía las formas de pensar y hacer del Trabajo Social, donde las fronteras entre lo físico y lo virtual, lo local y lo global, lo histórico y lo emergente, parecen difuminarse cada vez más. Este fenómeno, que puede entenderse a través del concepto de hibridez propuesto por autores como Néstor García Canclini, Homi K. Bhabha o Stuart Hall, es el punto de partida de un debate fundamental para comprender cómo las Ciencias Sociales —y en particular el Trabajo Social—, se inscriben en una coyuntura que desafía nuestras lecturas de cómo se configura lo social hoy. La hibridez, entendida como la coexistencia y el entrelazamiento de elementos culturales, sociales y tecnológicos, plantea un desafío, pero también una oportunidad. Desde García Canclini, esta hibridez se comprende como un proceso en el que lo moderno y lo tradicional se superponen, creando nuevas formas de pertenencia y significados (Canclini, 1995). Este enfoque es clave para repensar las prácticas del Trabajo Social que deben confrontar los nuevos lenguajes, entornos y dispositivos que configuran nuestra realidad. Bhabha, por su parte, habla de lo hibrido como una "tercera dimensión", como un habitar los bordes de una realidad intermedia, intersticial, en una existencia fronteriza (Bhabha, 2007). En este espacio intermedio, el Trabajo Social puede desarrollar estrategias innovadoras que permitan tanto la defensa y protección de los derechos de las comunidades, como la resistencia frente a las estructuras de poder que siguen moldeando nuestras sociedades.  En esta línea, Stuart Hall, al hablar de identidades culturales fluidas y contingentes, nos invita a considerar cómo las prácticas de intervención social también deben ser flexibles y abiertas a la transformación (Hall, 2010). Los artículos que se presentan en este número abordan precisamente estas cuestiones, desde diversas perspectivas críticas y metodológicas. La hibridez no solo es un tema de estudio, sino una necesidad epistemológica para entender las transformaciones que están sucediendo a pasos acelerados. Las epistemologías que históricamente han caracterizado al Trabajo Social necesitan articularse con aquellas emergentes que surgen de las demandas contemporáneas. En este sentido, algunas preguntas nos habitan: ¿cómo podemos, desde el Trabajo Social, responder a un presente que ya no es solo físico ni exclusivamente virtual, sino una mezcla de ambos? ¿Qué implicancias tienen estas nuevas formas de relación para pensar nuestras estrategias de intervención fundadas? Este diálogo entre lo tradicional y lo contemporáneo, entre el devenir presencial y la virtualidad, nos desafía a (re) inventar y (re) crear estrategias de intervención que respondan a las problemáticas complejas de este tiempo. En un escenario donde la hibridez se impone como una realidad constatable, este número 15 de ConCienciaSocial nos convoca a pensar creativamente, a hibridar nuestras propias prácticas y a construir un Trabajo Social contemporáneo que sea capaz de dialogar tanto con sus raíces históricas como con los desafíos inéditos que enfrentamos. La influencia de la tecnología en las intervenciones del Trabajo Social es innegable y forma parte central de los procesos de hibridación que atraviesa nuestra disciplina. La inteligencia artificial, las plataformas digitales, las redes sociales y los entornos virtuales están transformando radicalmente la forma en que se establecen los vínculos, se accede a recursos y se implementan estrategias de intervención. Estas herramientas, que inicialmente podían parecer ajenas o incluso contrarias a las formas tradicionales de nuestro trabajo, hoy se presentan como medios indispensables para tender puentes con poblaciones diversas y para intervenir en contextos donde la presencialidad ya no es la única opción. Venimos observando cómo las tecnologías no solo modifican los métodos de intervención, sino también las formas de construir conocimiento y generar empatía, al permitirnos crear espacios virtuales que reflejan las dinámicas de lo cotidiano. Sin embargo, esta transformación no está exenta de tensiones: nos obliga a cuestionar cómo se sostienen perspectivas ético-políticas y cómo se construye el equilibrio entre la proximidad y el respeto a la singularidad en las intervenciones, y las comprensiones sucedáneas en la transformación de la sociedad del trabajo y la garantía de los cuidados. También nos plantea el desafío de problematizar la tendencia de ciertos paradigmas y discursos políticos hacia la automatización robotizada y la inteligencia artificial, que de a poco posiciona y desplaza el vínculo humano cara a cara, que sigue y seguirá siendo crucial en la práctica del Trabajo Social. Por otro lado, consideramos importante problematizar el papel fundamental que sigue teniendo la formación presencial en el Trabajo Social. Si bien la tecnología ha ampliado nuestras capacidades de intervención y formación, no podemos pasar por alto el valor insustituible de la experiencia pedagógica y didáctica del encuentro. La humanidad, quiénes somos y quiénes son les otres, lo cultural y lo político se han construido a partir de historias alrededor del fuego y el fogón, en la grupalidad, de compartir la palabra, de construir colectivamente. En el aula, el encuentro entre docentes y estudiantes crea un espacio de diálogo y construcción colectiva que va más allá de la transmisión de conocimiento (Freire, 1997). Es en estas interacciones presenciales, multidimensionales, plurisensoriales, donde se produce un aprendizaje encarnado, en el que los gestos, las emociones y la escucha activa, permiten una comprensión más profunda de las problemáticas sociales que abordamos. Y es en la experiencia de las prácticas preprofesionales, donde se ponen en acción los conocimientos y saberes adquiridos.  El Trabajo Social, como disciplina centrada en la complejidad de las relaciones humanas y las intervenciones necesarias para superar los obstáculos a la reproducción cotidiana de la existencia, se nutre de estas experiencias que solo pueden ser captadas y generadas por los sentidos y la presencia compartida. La posibilidad de observar en tiempo real las reacciones de les otres, de discutir situaciones y abordajes con la riqueza de la interacción —no mediada por pantallas—, es fundamental para formar profesionales sensibles a las dinámicas interpersonales y los contextos en los que se desenvuelven las prácticas sociales. Paradójicamente, esta necesidad de lo presencial también nos invita a plantear algunas preguntas: ¿Cómo equilibramos la creciente virtualización de la enseñanza con la importancia de la formación experiencial en las aulas? ¿Cómo mantenemos la rigurosidad implícita en nuestras currículas académicas y la profundidad de la formación cara a cara, sin desvalorizar las posibilidades que la tecnología nos ofrece? La hibridez en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la práctica profesional del Trabajo Social nos invita a repensar la complementariedad entre lo virtual y lo presencial, reconociendo que ambas dimensiones, lejos de excluirse, pueden enriquecerse mutuamente cuando se manejan de manera crítica y consciente (Castells, 2000). En la coyuntura actual, las innovaciones tecnológicas y las crisis sociales plantean desafíos significativos para el ámbito de las ciencias sociales y, en particular, para el Trabajo Social. Los artículos presentes en este número de ConCienciaSocial, destacan la necesidad de repensar nuestras prácticas en un mundo cada vez más digitalizado, en el que las metodologías tradicionales se ven cuestionadas por la inminente realidad híbrida que enfrentamos. El artículo de Artazo, Eula y Parano explora las profundas transformaciones que las innovaciones tecnológicas están provocando en las ciencias sociales y su impacto en la intervención social. A partir de un informe sobre la intersección entre problemas sociales y tecnología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), les autores abordan cómo la digitalización y el uso de big data han contribuido a acentuar las desigualdades estructurales contemporáneas. Subrayan la importancia de una vigilancia ética y crítica en la investigación social, destacando la necesidad de integrar epistemologías y metodologías híbridas para abordar los retos que presenta esta nueva realidad. En un enfoque similar, Camejo, Carballo y Vecinday reflexionan sobre la creciente incorporación de tecnologías de la información y comunicación (TIC) en la gestión de políticas socioasistenciales en Uruguay, acelerada por la pandemia. Analizan cómo la automatización de tareas transforma tanto las prácticas profesionales como las estructuras de poder en el Trabajo Social, lo que requiere nuevas epistemologías y metodologías para enfrentar los desafíos contemporáneos. La pandemia de COVID-19 obligó a los trabajadores sociales a adaptarse a nuevas realidades. Conrero, en su análisis, describe cómo estos profesionales en centros de salud asumieron responsabilidades inéditas, como la realización de hisopados y el uso de tecnologías para mantener el contacto con las personas a las que asistían. Este contexto plantea dilemas éticos, ya que muchas de estas tareas no formaban parte de su formación. Así, se plantea la necesidad de que el Trabajo Social se reinvente, combinando enfoques tradicionales con nuevas herramientas y estrategias. Nicolás Rivas, en una entrevista con Marianela Grasso, refuerza esta idea al señalar que el Trabajo Social actual enfrenta el reto de intervenir en un contexto híbrido, donde la virtualidad ha ganado protagonismo. Rivas subraya la importancia de comprender la historia disciplinar del Trabajo Social para reimaginar sus prácticas y adaptar estrategias a cada situación, reconociendo tanto las limitaciones como las oportunidades que presentan los entornos digitales. El trabajo de Calderón examina la implementación de la educación híbrida en la Universidad Nacional de La Rioja durante la pandemia, destacando las tensiones institucionales que emergieron al desafiar estructuras tradicionales y enfrentar limitaciones de recursos. La hibridez se presenta no solo como una necesidad pedagógica, sino también como una disputa cultural y política que exige una gestión reflexiva, capaz de integrar tecnología sin comprometer la equidad y el acceso a la educación. La urgencia de nuevas estrategias también se ve reflejada en el trabajo de Irusta, quien aborda la situación de las personas en situación de calle en Córdoba. En un contexto de marginalidad creciente, el texto denuncia la insuficiencia de políticas de asistencia y reclama una reconfiguración de las intervenciones tradicionales, basadas en un enfoque de derechos. La falta de investigación en este ámbito, más allá de Buenos Aires, evidencia una vacancia académica que el Trabajo Social podría abordar, y que se convierte en una oportunidad para generar respuestas más adecuadas a los desafíos del presente. El artículo de Rodríguez, Auderut y Girela destaca el impacto de iniciativas comunitarias en barrios populares de Córdoba que buscan reducir las brechas digitales. Estas prácticas colectivas no solo se apropian de la tecnología para incidir en el incremento de la conectividad, sino que también fortalecen la identidad comunitaria de la ciudadanía, a través de la gestión de políticas públicas en un contexto marcado por desigualdades persistentes. Por otra parte, Bianchini examina la participación de mujeres cisgénero en programas de salud comunitaria en Buenos Aires, enfocándose en las tensiones entre autonomía y control estatal. A través de un enfoque crítico y feminista, la autora presenta relatos diversos que evidencian cómo las condiciones ambientales y socioeconómicas afectan la participación de estas mujeres, limitando su capacidad de influir en temas de salud y vivienda, especialmente durante la pandemia. En este contexto de transformación, la reseña de Verónica Martínez sobre el libro de Karina Batthyány, Los desafíos de las ciencias sociales en la coyuntura latinoamericana, resalta el papel crítico y transformador que las ciencias sociales deben asumir para enfrentar las desigualdades estructurales en la región. Batthyány propone un conocimiento que articule saberes científicos y ancestrales, enfatizando la importancia de enfoques interdisciplinarios que impulsen una democracia más inclusiva y colaborativa, donde Estado, movimientos sociales y academia trabajen juntos en la construcción de sociedades más justas y sostenibles. De este modo, el presente número de ConCienciaSocial nos invita a explorar el concepto de hibridez desde una perspectiva crítica, que incorpore tanto la tecnología como las formas tradicionales de intervención y enseñanza en el Trabajo Social. Los desafíos actuales nos demandan sostener y renovar nuestras prácticas sin perder de vista los fundamentos ético-políticos y la defensa y garantía de los derechos humanos y la protección del medio ambiente como horizontes de nuestra disciplina.
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La hibridez, entendida como la coexistencia y el entrelazamiento de elementos culturales, sociales y tecnológicos, plantea un desafío, pero también una oportunidad. Desde García Canclini, esta hibridez se comprende como un proceso en el que lo moderno y lo tradicional se superponen, creando nuevas formas de pertenencia y significados (Canclini, 1995). Este enfoque es clave para repensar las prácticas del Trabajo Social que deben confrontar los nuevos lenguajes, entornos y dispositivos que configuran nuestra realidad. Bhabha, por su parte, habla de lo hibrido como una "tercera dimensión", como un habitar los bordes de una realidad intermedia, intersticial, en una existencia fronteriza (Bhabha, 2007). En este espacio intermedio, el Trabajo Social puede desarrollar estrategias innovadoras que permitan tanto la defensa y protección de los derechos de las comunidades, como la resistencia frente a las estructuras de poder que siguen moldeando nuestras sociedades.  En esta línea, Stuart Hall, al hablar de identidades culturales fluidas y contingentes, nos invita a considerar cómo las prácticas de intervención social también deben ser flexibles y abiertas a la transformación (Hall, 2010). Los artículos que se presentan en este número abordan precisamente estas cuestiones, desde diversas perspectivas críticas y metodológicas. La hibridez no solo es un tema de estudio, sino una necesidad epistemológica para entender las transformaciones que están sucediendo a pasos acelerados. Las epistemologías que históricamente han caracterizado al Trabajo Social necesitan articularse con aquellas emergentes que surgen de las demandas contemporáneas. En este sentido, algunas preguntas nos habitan: ¿cómo podemos, desde el Trabajo Social, responder a un presente que ya no es solo físico ni exclusivamente virtual, sino una mezcla de ambos? ¿Qué implicancias tienen estas nuevas formas de relación para pensar nuestras estrategias de intervención fundadas? Este diálogo entre lo tradicional y lo contemporáneo, entre el devenir presencial y la virtualidad, nos desafía a (re) inventar y (re) crear estrategias de intervención que respondan a las problemáticas complejas de este tiempo. En un escenario donde la hibridez se impone como una realidad constatable, este número 15 de ConCienciaSocial nos convoca a pensar creativamente, a hibridar nuestras propias prácticas y a construir un Trabajo Social contemporáneo que sea capaz de dialogar tanto con sus raíces históricas como con los desafíos inéditos que enfrentamos. La influencia de la tecnología en las intervenciones del Trabajo Social es innegable y forma parte central de los procesos de hibridación que atraviesa nuestra disciplina. La inteligencia artificial, las plataformas digitales, las redes sociales y los entornos virtuales están transformando radicalmente la forma en que se establecen los vínculos, se accede a recursos y se implementan estrategias de intervención. Estas herramientas, que inicialmente podían parecer ajenas o incluso contrarias a las formas tradicionales de nuestro trabajo, hoy se presentan como medios indispensables para tender puentes con poblaciones diversas y para intervenir en contextos donde la presencialidad ya no es la única opción. Venimos observando cómo las tecnologías no solo modifican los métodos de intervención, sino también las formas de construir conocimiento y generar empatía, al permitirnos crear espacios virtuales que reflejan las dinámicas de lo cotidiano. Sin embargo, esta transformación no está exenta de tensiones: nos obliga a cuestionar cómo se sostienen perspectivas ético-políticas y cómo se construye el equilibrio entre la proximidad y el respeto a la singularidad en las intervenciones, y las comprensiones sucedáneas en la transformación de la sociedad del trabajo y la garantía de los cuidados. También nos plantea el desafío de problematizar la tendencia de ciertos paradigmas y discursos políticos hacia la automatización robotizada y la inteligencia artificial, que de a poco posiciona y desplaza el vínculo humano cara a cara, que sigue y seguirá siendo crucial en la práctica del Trabajo Social. Por otro lado, consideramos importante problematizar el papel fundamental que sigue teniendo la formación presencial en el Trabajo Social. Si bien la tecnología ha ampliado nuestras capacidades de intervención y formación, no podemos pasar por alto el valor insustituible de la experiencia pedagógica y didáctica del encuentro. La humanidad, quiénes somos y quiénes son les otres, lo cultural y lo político se han construido a partir de historias alrededor del fuego y el fogón, en la grupalidad, de compartir la palabra, de construir colectivamente. En el aula, el encuentro entre docentes y estudiantes crea un espacio de diálogo y construcción colectiva que va más allá de la transmisión de conocimiento (Freire, 1997). Es en estas interacciones presenciales, multidimensionales, plurisensoriales, donde se produce un aprendizaje encarnado, en el que los gestos, las emociones y la escucha activa, permiten una comprensión más profunda de las problemáticas sociales que abordamos. Y es en la experiencia de las prácticas preprofesionales, donde se ponen en acción los conocimientos y saberes adquiridos.  El Trabajo Social, como disciplina centrada en la complejidad de las relaciones humanas y las intervenciones necesarias para superar los obstáculos a la reproducción cotidiana de la existencia, se nutre de estas experiencias que solo pueden ser captadas y generadas por los sentidos y la presencia compartida. La posibilidad de observar en tiempo real las reacciones de les otres, de discutir situaciones y abordajes con la riqueza de la interacción —no mediada por pantallas—, es fundamental para formar profesionales sensibles a las dinámicas interpersonales y los contextos en los que se desenvuelven las prácticas sociales. Paradójicamente, esta necesidad de lo presencial también nos invita a plantear algunas preguntas: ¿Cómo equilibramos la creciente virtualización de la enseñanza con la importancia de la formación experiencial en las aulas? ¿Cómo mantenemos la rigurosidad implícita en nuestras currículas académicas y la profundidad de la formación cara a cara, sin desvalorizar las posibilidades que la tecnología nos ofrece? La hibridez en el proceso de enseñanza-aprendizaje y en la práctica profesional del Trabajo Social nos invita a repensar la complementariedad entre lo virtual y lo presencial, reconociendo que ambas dimensiones, lejos de excluirse, pueden enriquecerse mutuamente cuando se manejan de manera crítica y consciente (Castells, 2000). En la coyuntura actual, las innovaciones tecnológicas y las crisis sociales plantean desafíos significativos para el ámbito de las ciencias sociales y, en particular, para el Trabajo Social. Los artículos presentes en este número de ConCienciaSocial, destacan la necesidad de repensar nuestras prácticas en un mundo cada vez más digitalizado, en el que las metodologías tradicionales se ven cuestionadas por la inminente realidad híbrida que enfrentamos. El artículo de Artazo, Eula y Parano explora las profundas transformaciones que las innovaciones tecnológicas están provocando en las ciencias sociales y su impacto en la intervención social. A partir de un informe sobre la intersección entre problemas sociales y tecnología en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), les autores abordan cómo la digitalización y el uso de big data han contribuido a acentuar las desigualdades estructurales contemporáneas. Subrayan la importancia de una vigilancia ética y crítica en la investigación social, destacando la necesidad de integrar epistemologías y metodologías híbridas para abordar los retos que presenta esta nueva realidad. En un enfoque similar, Camejo, Carballo y Vecinday reflexionan sobre la creciente incorporación de tecnologías de la información y comunicación (TIC) en la gestión de políticas socioasistenciales en Uruguay, acelerada por la pandemia. Analizan cómo la automatización de tareas transforma tanto las prácticas profesionales como las estructuras de poder en el Trabajo Social, lo que requiere nuevas epistemologías y metodologías para enfrentar los desafíos contemporáneos. La pandemia de COVID-19 obligó a los trabajadores sociales a adaptarse a nuevas realidades. Conrero, en su análisis, describe cómo estos profesionales en centros de salud asumieron responsabilidades inéditas, como la realización de hisopados y el uso de tecnologías para mantener el contacto con las personas a las que asistían. Este contexto plantea dilemas éticos, ya que muchas de estas tareas no formaban parte de su formación. Así, se plantea la necesidad de que el Trabajo Social se reinvente, combinando enfoques tradicionales con nuevas herramientas y estrategias. Nicolás Rivas, en una entrevista con Marianela Grasso, refuerza esta idea al señalar que el Trabajo Social actual enfrenta el reto de intervenir en un contexto híbrido, donde la virtualidad ha ganado protagonismo. Rivas subraya la importancia de comprender la historia disciplinar del Trabajo Social para reimaginar sus prácticas y adaptar estrategias a cada situación, reconociendo tanto las limitaciones como las oportunidades que presentan los entornos digitales. El trabajo de Calderón examina la implementación de la educación híbrida en la Universidad Nacional de La Rioja durante la pandemia, destacando las tensiones institucionales que emergieron al desafiar estructuras tradicionales y enfrentar limitaciones de recursos. La hibridez se presenta no solo como una necesidad pedagógica, sino también como una disputa cultural y política que exige una gestión reflexiva, capaz de integrar tecnología sin comprometer la equidad y el acceso a la educación. La urgencia de nuevas estrategias también se ve reflejada en el trabajo de Irusta, quien aborda la situación de las personas en situación de calle en Córdoba. En un contexto de marginalidad creciente, el texto denuncia la insuficiencia de políticas de asistencia y reclama una reconfiguración de las intervenciones tradicionales, basadas en un enfoque de derechos. La falta de investigación en este ámbito, más allá de Buenos Aires, evidencia una vacancia académica que el Trabajo Social podría abordar, y que se convierte en una oportunidad para generar respuestas más adecuadas a los desafíos del presente. El artículo de Rodríguez, Auderut y Girela destaca el impacto de iniciativas comunitarias en barrios populares de Córdoba que buscan reducir las brechas digitales. Estas prácticas colectivas no solo se apropian de la tecnología para incidir en el incremento de la conectividad, sino que también fortalecen la identidad comunitaria de la ciudadanía, a través de la gestión de políticas públicas en un contexto marcado por desigualdades persistentes. Por otra parte, Bianchini examina la participación de mujeres cisgénero en programas de salud comunitaria en Buenos Aires, enfocándose en las tensiones entre autonomía y control estatal. A través de un enfoque crítico y feminista, la autora presenta relatos diversos que evidencian cómo las condiciones ambientales y socioeconómicas afectan la participación de estas mujeres, limitando su capacidad de influir en temas de salud y vivienda, especialmente durante la pandemia. En este contexto de transformación, la reseña de Verónica Martínez sobre el libro de Karina Batthyány, Los desafíos de las ciencias sociales en la coyuntura latinoamericana, resalta el papel crítico y transformador que las ciencias sociales deben asumir para enfrentar las desigualdades estructurales en la región. Batthyány propone un conocimiento que articule saberes científicos y ancestrales, enfatizando la importancia de enfoques interdisciplinarios que impulsen una democracia más inclusiva y colaborativa, donde Estado, movimientos sociales y academia trabajen juntos en la construcción de sociedades más justas y sostenibles. De este modo, el presente número de ConCienciaSocial nos invita a explorar el concepto de hibridez desde una perspectiva crítica, que incorpore tanto la tecnología como las formas tradicionales de intervención y enseñanza en el Trabajo Social. Los desafíos actuales nos demandan sostener y renovar nuestras prácticas sin perder de vista los fundamentos ético-políticos y la defensa y garantía de los derechos humanos y la protección del medio ambiente como horizontes de nuestra disciplina. Issue 15 of ConCienciaSocial, entitled Hybrid Approaches for a Contemporary Social Work, invites us to reflect on the incessant transformations of disciplinary practices in theoretical, but also political terms. We find ourselves in a historical moment that challenges the ways of thinking and doing Social Work, where the boundaries between the physical and the virtual, the local and the global, the historical and the emergent, seem to blur more and more. This phenomenon, which can be understood through the concept of hybridity proposed by authors such as Néstor García Canclini, Homi K. Bhabha or Stuart Hall, is the starting point of a fundamental debate to understand how the Social Sciences -and Social Work in particular- are inscribed in a juncture that challenges our readings of how the social is configured today. Hybridity, understood as the coexistence and intertwining of cultural, social and technological elements, poses a challenge, but also an opportunity. According to García Canclini, this hybridity is understood as a process in which the modern and the traditional overlap, creating new forms of belonging and meanings (Canclini, 1995). This approach is key to rethink the practices of Social Work, which must confront the new languages, environments and devices that shape our reality. Bhabha, for his part, speaks of the hybrid as a “third dimension”, as inhabiting the edges of an intermediate, interstitial reality, in a borderline existence (Bhabha, 2007). In this in-between space, Social Work can develop innovative strategies that allow both the defense and protection of the rights of communities, as well as resistance to the power structures that continue to shape our societies.  Along these lines, Stuart Hall, when speaking of fluid and contingent cultural identities, invites us to consider how social intervention practices must also be flexible and open to transformation (Hall, 2010). The articles presented in this issue address precisely these issues, from diverse critical and methodological perspectives. Hybridity is not only a subject of study, but an epistemological necessity to understand the transformations that are happening at an accelerated pace. The epistemologies that have historically characterized Social Work need to be articulated with those emerging from contemporary demands. In this sense, some questions inhabit us: how can we, from Social Work, respond to a present that is no longer only physical or exclusively virtual, but a mixture of both? What are the implications of these new forms of relationship for thinking about our strategies of informed intervention? This dialogue between the traditional and the contemporary, between the in-person and the virtual, challenges us to (re) invent and (re) create intervention strategies that respond to the complex problems of this time. In a scenario where hybridity imposes itself as a verifiable reality, this 15th issue of ConCienciaSocial invites us to think creatively, to hybridize our own practices and to build a contemporary Social Work that is capable of dialoguing both with its historical roots and with the unprecedented challenges we face. The influence of technology on Social Work interventions is undeniable and forms a central part of the hybridization processes that our discipline is undergoing. Artificial intelligence, digital platforms, social networks and virtual environments are radically transforming the way in which links are established, resources are accessed and intervention strategies are implemented. These tools, which initially may have seemed alien or even contrary to the traditional forms of our work, today appear as indispensable means to build bridges with diverse populations and to intervene in contexts where face-to-face presence is no longer the only option. We have been observing how technologies not only modify the methods of intervention, but also the ways of building knowledge and generating empathy, by allowing us to create virtual spaces that reflect the dynamics of everyday life.  However, this transformation is not free of tensions: it forces us to question how ethical-political perspectives are sustained and how the balance is constructed between proximity and respect for singularity in interventions, and surrogate understandings in the transformation of the work society and the guarantee of care. It also challenges us to problematize the tendency of certain paradigms and political discourses towards robotized automation and artificial intelligence, which gradually positions and displaces the face-to-face human link, which remains and will continue to be crucial in the practice of Social Work. On the other hand, we consider it important to problematize the fundamental role that face-to-face training continues to play in Social Work. Although technology has expanded our intervention and training capabilities, we cannot overlook the irreplaceable value of the pedagogical and didactic experience of the encounter. Humanity, who we are and who are les otres, the cultural and the political have been built from stories around the fire and the hearth, in the group, sharing the word, building collectively. In the classroom, the encounter between teachers and students creates a space for dialogue and collective construction that goes beyond the transmission of knowledge (Freire, 1997). It is in these face-to-face, multidimensional, multi-sensory interactions that incarnate learning takes place, in which gestures, emotions and active listening allow for a deeper understanding of the social issues we address. And it is in the experience of pre-professional internships that the acquired knowledge and skills are put into action.  Social Work, as a discipline focused on the complexity of human relationships and the necessary interventions to overcome the obstacles to the daily reproduction of existence, is nourished by these experiences that can only be captured and generated by the senses and shared presence. The possibility of observing in real time the reactions of others, of discussing situations and approaches with the richness of interaction - not mediated by screens - is fundamental to train professionals who are sensitive to interpersonal dynamics and the contexts in which social practices unfold. Paradoxically, this need for the face-to-face also invites us to ask some questions: How do we balance the growing virtualization of teaching with the importance of experiential training in the classroom? How do we maintain the rigor implicit in our academic curricula and the depth of face-to-face training, without devaluing the possibilities that technology offers us? Hybridity in the teaching-learning process and in the professional practice of Social Work invites us to rethink the complementarity between the virtual and the face-to-face, recognizing that both dimensions, far from excluding each other, can mutually enrich each other when handled in a critical and conscious manner (Castells, 2000). At the current juncture, technological innovations and social crises pose significant challenges for the field of social sciences and, in particular, for Social Work. The articles in this issue of ConCienciaSocial highlight the need to rethink our practices in an increasingly digitized world, where traditional methodologies are challenged by the imminent hybrid reality we face. The article by Artazo, Eula and Parano explores the profound transformations that technological innovations are causing in the social sciences and their impact on social intervention. Based on a report on the intersection between social problems and technology at the Faculty of Social Sciences of the National University of Córdoba (UNC), the authors address how digitization and the use of big data have contributed to accentuate contemporary structural inequalities. They stress the importance of ethical and critical vigilance in social research, highlighting the need to integrate hybrid epistemologies and methodologies to address the challenges presented by this new reality. In a similar approach, Camejo, Carballo and Vecinday reflect on the growing incorporation of information and communication technologies (ICTs) in the management of social assistance policies in Uruguay, accelerated by the pandemic. They analyze how the automation of tasks transforms both professional practices and power structures in Social Work, which requires new epistemologies and methodologies to face contemporary challenges. The COVID-19 pandemic forced social workers to adapt to new realities. Conrero, in his analysis, describes how these professionals in health centers assumed unprecedented responsibilities, such as performing swabs and using technologies to maintain contact with the people they assisted. This context raises ethical dilemmas, since many of these tasks were not part of their training. Thus, the need arises for Social Work to reinvent itself, combining traditional approaches with new tools and strategies. Nicolás Rivas, in an interview with Marianela Grasso, reinforces this idea by pointing out that current Social Work faces the challenge of intervening in a hybrid context, where virtuality has gained prominence. Rivas highlights the importance of understanding the disciplinary history of Social Work to reimagine its practices and adapt strategies to each situation, recognizing both the limitations and opportunities presented by digital environments. The urgency of new strategies is also reflected in the work of Irusta, who addresses the situation of homeless people in Córdoba. In a context of growing marginality, the text denounces the insufficiency of assistance policies and calls for a reconfiguration of traditional interventions, based on a rights-based approach. The lack of research in this area, beyond Buenos Aires, shows an academic vacancy that Social Work could address, and which becomes an opportunity to generate more appropriate responses to the challenges of the present. The article by Rodríguez, Auderut and Girela highlights the impact of community initiatives in popular neighborhoods of Córdoba that seek to reduce digital divides. These collective practices not only appropriate technology to influence the increase in connectivity, but also strengthen the community identity of citizens, through the management of public policies in a context marked by persistent inequalities. Calderón's work examines the implementation of hybrid education at the National University of La Rioja during the pandemic, highlighting the institutional tensions that emerged when challenging traditional structures and facing resource limitations. Hybridity is presented not only as a pedagogical need, but also as a cultural and political dispute that requires thoughtful management, capable of integrating technology without compromising equity and access to education. Furthermore, Bianchini examines the participation of cisgender women in community health programs in Buenos Aires, focusing on the tensions between autonomy and state control. Through a critical and feminist approach, the author presents diverse stories that show how environmental and socioeconomic conditions affect the participation of these women, limiting their ability to influence health and housing issues, especially during the pandemic. In this context of transformation, Verónica Martínez's review of Karina Batthyány's book, The challenges of the social sciences in the Latin American situation, highlights the critical and transformative role that the social sciences must assume to confront structural inequalities in the region. Batthyány proposes knowledge that articulates scientific and ancestral knowledge, emphasizing the importance of interdisciplinary approaches that promote a more inclusive and collaborative democracy, where the State, social movements and academia work together to build more just and sustainable societies. In this way, this issue of ConCienciaSocial invites us to explore the concept of hybridity from a critical perspective, which incorporates both technology and traditional forms of intervention and teaching in Social Work. Current challenges demand that we sustain and renew our practices without losing sight of the ethical-political foundations and the defense and guarantee of human rights and environmental protection as horizons of our discipline. O número 15 da revista ConCienciaSocial, intitulado Abordagens Híbridas para um Serviço Social Contemporâneo, convida-nos a refletir sobre as incessantes transformações das práticas disciplinares em termos teóricos mas também políticos. Encontramo-nos num momento histórico que desafia as formas de pensar e fazer Serviço Social, onde as fronteiras entre o físico e o virtual, o local e o global, o histórico e o emergente, parecem estar cada vez mais esbatidas. Este fenómeno, que pode ser entendido através do conceito de hibridismo proposto por autores como Néstor García Canclini, Homi K. Bhabha ou Stuart Hall, é o ponto de partida de um debate fundamental para compreender como as Ciências Sociais - e o Serviço Social em particular -, se inscrevem numa situação que desafia as nossas leituras de como o social se configura hoje. O hibridismo, entendido como a coexistência e o entrelaçamento de elementos culturais, sociais e tecnológicos, representa um desafio, mas também uma oportunidade. Na perspetiva de García Canclini, este hibridismo é entendido como um processo em que o moderno e o tradicional se sobrepõem, criando novas formas de pertença e significados (Canclini, 1995). Esta abordagem é fundamental para repensar as práticas do trabalho social, que devem confrontar-se com as novas linguagens, ambientes e dispositivos que configuram a nossa realidade. Bhabha, por seu lado, fala do híbrido como uma “terceira dimensão”, como habitando as margens de uma realidade intermédia, intersticial, numa existência de fronteira (Bhabha, 2007). Neste espaço intermédio, o trabalho social pode desenvolver estratégias inovadoras que permitam tanto a defesa e proteção dos direitos das comunidades, como a resistência às estruturas de poder que continuam a moldar as nossas sociedades.  Nesta linha, Stuart Hall, ao falar de identidades culturais fluidas e contingentes, convida-nos a considerar como as práticas de intervenção social devem ser também flexíveis e abertas à transformação (Hall, 2010). Os artigos apresentados neste número abordam precisamente estas questões, a partir de uma variedade de perspectivas críticas e metodológicas. O hibridismo não é apenas um objeto de estudo, mas uma necessidade epistemológica para compreender as transformações que estão a ocorrer a um ritmo acelerado. As epistemologias que historicamente caracterizaram o Serviço Social precisam de ser articuladas com as que emergem das exigências contemporâneas. Neste sentido, algumas questões nos habitam: como podemos, a partir do Serviço Social, responder a um presente que já não é apenas físico ou exclusivamente virtual, mas um misto de ambos? Que implicações têm estas novas formas de relação para pensarmos as nossas estratégias de intervenção fundamentadas? Este diálogo entre o tradicional e o contemporâneo, entre o presencial e o virtual, desafia-nos a (re)inventar e (re)criar estratégias de intervenção que respondam aos complexos problemas do nosso tempo. Num cenário em que o hibridismo é uma realidade verificável, este 15º número da ConCiênciaSocial convida-nos a pensar criativamente, a hibridar as nossas próprias práticas e a construir um Serviço Social contemporâneo capaz de dialogar tanto com as suas raízes históricas como com os desafios inéditos que enfrentamos. A influência da tecnologia nas intervenções do Serviço Social é inegável e constitui uma parte central dos processos de hibridação que a nossa disciplina está a sofrer. A inteligência artificial, as plataformas digitais, as redes sociais e os ambientes virtuais estão a transformar radicalmente a forma como se estabelecem vínculos, se acedem a recursos e se implementam estratégias de intervenção. Estas ferramentas, que inicialmente poderiam parecer estranhas ou mesmo contrárias às formas tradicionais do nosso trabalho, surgem agora como meios indispensáveis para construir pontes com populações diversas e para intervir em contextos onde a presença presencial já não é a única opção. Temos vindo a observar como as tecnologias modificam não só os métodos de intervenção, mas também as formas de construir conhecimento e gerar empatia, permitindo-nos criar espaços virtuais que reflectem as dinâmicas da vida quotidiana. No entanto, esta transformação não é isenta de tensões: obriga-nos a questionar como se sustentam as perspectivas ético-políticas e como se constrói o equilíbrio entre a proximidade e o respeito pela singularidade nas intervenções, e os entendimentos substitutivos na transformação da sociedade do trabalho e na garantia dos cuidados. Desafia-nos também a problematizar a tendência de certos paradigmas e discursos políticos para a robotização e a inteligência artificial, que progressivamente posiciona e desloca o vínculo humano presencial, que continua e continuará a ser crucial na prática do Serviço Social. Por outro lado, consideramos importante questionar o papel fundamental que a formação presencial continua a desempenhar no Serviço Social. Embora a tecnologia tenha ampliado as nossas capacidades de intervenção e de formação, não podemos esquecer o valor insubstituível da experiência pedagógica e didática do encontro. A humanidade, o que somos e o que são os outros, o cultural e o político foram construídos a partir de histórias à volta do fogo e da fogueira, em grupos, partilhando a palavra, construindo coletivamente. Na sala de aula, o encontro entre professores e alunos cria um espaço de diálogo e construção coletiva que vai além da transmissão de conhecimentos (Freire, 1997). É nestas interações face a face, multidimensionais e multissensoriais que se dá a aprendizagem encarnada, em que os gestos, as emoções e a escuta ativa permitem uma compreensão mais profunda das questões sociais que abordamos. E é na experiência dos estágios pré-profissionais que os conhecimentos e competências adquiridos são postos em prática. O Serviço Social, enquanto disciplina centrada na complexidade das relações humanas e nas intervenções necessárias para ultrapassar os obstáculos à reprodução quotidiana da existência, alimenta-se destas experiências que só podem ser captadas e geradas por sentidos partilhados e pela presença. A possibilidade de observar as reacções dos outros em tempo real, de discutir situações e abordagens com a riqueza da interação - não mediada por ecrãs - é fundamental para a formação de profissionais sensíveis às dinâmicas interpessoais e aos contextos em que se desenrolam as práticas sociais. Paradoxalmente, esta necessidade do presencial também nos convida a colocar algumas questões: como equilibrar a crescente virtualização do ensino com a importância da formação experiencial em sala de aula? Como manter o rigor implícito nos nossos currículos académicos e a profundidade da formação presencial, sem desvalorizar as possibilidades que a tecnologia nos oferece? O hibridismo no processo de ensino-aprendizagem e na prática profissional do Serviço Social convida-nos a repensar a complementaridade entre o virtual e o presencial, reconhecendo que ambas as dimensões, longe de se excluírem, podem enriquecer-se mutuamente quando tratadas de forma crítica e consciente (Castells, 2000). Na atual conjuntura, as inovações tecnológicas e as crises sociais colocam desafios significativos ao campo das ciências sociais e, em particular, ao Serviço Social. Os artigos deste número da revista ConCienciaSocial evidenciam a necessidade de repensarmos as nossas práticas num mundo cada vez mais digitalizado, em que as metodologias tradicionais são desafiadas pela iminente realidade híbrida com que nos deparamos. O artigo de Artazo, Eula e Parano explora as profundas transformações que as inovações tecnológicas estão a provocar nas ciências sociais e o seu impacto na intervenção social. Partindo de um relatório sobre a intersecção entre problemas sociais e tecnologia na Faculdade de Ciências Sociais da Universidade Nacional de Córdoba (UNC), os autores abordam o modo como a digitalização e a utilização de big data têm contribuído para acentuar as desigualdades estruturais contemporâneas. Sublinham a importância da vigilância ética e crítica na investigação social, destacando a necessidade de integrar epistemologias e metodologias híbridas para enfrentar os desafios colocados por esta nova realidade. Numa abordagem semelhante, Camejo, Carballo e Vecinday reflectem sobre a crescente incorporação das tecnologias da informação e da comunicação (TIC) na gestão das políticas de assistência social no Uruguai, acelerada pela pandemia. Analisam como a automatização das tarefas transforma tanto as práticas profissionais como as estruturas de poder no trabalho social, o que exige novas epistemologias e metodologias para enfrentar os desafios contemporâneos. A pandemia da COVID-19 obrigou os assistentes sociais a adaptarem-se a novas realidades. Conrero, na sua análise, descreve como estes profissionais dos centros de saúde assumiram responsabilidades inéditas, como a realização de zaragatoas e a utilização da tecnologia para manter o contacto com as pessoas que assistiam. Este contexto levanta dilemas éticos, uma vez que muitas destas tarefas não faziam parte da sua formação. Assim, é necessário que o Serviço Social se reinvente, combinando abordagens tradicionais com novas ferramentas e estratégias. Nicolás Rivas, em entrevista a Marianela Grasso, reforça esta ideia ao referir que o Serviço Social enfrenta hoje o desafio de intervir num contexto híbrido, onde a virtualidade tem vindo a ganhar destaque. Rivas sublinha a importância de compreender a história disciplinar do Serviço Social para reimaginar as suas práticas e adaptar estratégias a cada situação, reconhecendo tanto as limitações como as oportunidades que os ambientes digitais apresentam. O artigo de Calderón examina a implementação do ensino híbrido na Universidade Nacional de La Rioja durante a pandemia, destacando as tensões institucionais que surgiram à medida que as estruturas tradicionais eram desafiadas e os recursos limitados. O hibridismo é apresentado não só como uma necessidade pedagógica, mas também como uma disputa cultural e política que exige uma gestão ponderada, capaz de integrar a tecnologia sem comprometer a equidade e o acesso à educação. A urgência de novas estratégias reflecte-se também no trabalho de Irusta, que aborda a situação das pessoas em situação de rua em Córdoba. Num contexto de marginalização crescente, o texto denuncia a insuficiência das políticas de assistência e apela a uma reconfiguração das intervenções tradicionais, com base numa abordagem baseada nos direitos. A falta de investigação neste domínio, para além de Buenos Aires, evidencia uma lacuna académica que o Serviço Social poderia colmatar e que se torna uma oportunidade para gerar respostas mais adequadas aos desafios do presente. O artigo de Rodríguez, Auderut e Girela destaca o impacto de iniciativas comunitárias em bairros populares de Córdoba que procuram reduzir o fosso digital. Estas práticas colectivas não só se apropriam da tecnologia para aumentar a conetividade, como também reforçam a identidade comunitária dos cidadãos através da gestão de políticas públicas num contexto marcado por desigualdades persistentes. Por outro lado, Bianchini analisa a participação de mulheres cisgénero em programas comunitários de saúde em Buenos Aires, centrando-se nas tensões entre autonomia e controlo estatal. Através de uma abordagem crítica e feminista, a autora apresenta diversos relatos de como as condições ambientais e socioeconómicas afectam a participação das mulheres, limitando a sua capacidade de influenciar questões de saúde e habitação, especialmente durante a pandemia. Neste contexto de transformação, a recensão de Verónica Martínez ao livro de Karina Batthyány, Los desafíos de las ciencias sociales en la coyuntura latinoamericana, destaca o papel crítico e transformador que as ciências sociais devem assumir para enfrentar as desigualdades estruturais na região. Batthyány propõe um conhecimento que articula saberes científicos e ancestrais, sublinhando a importância de abordagens interdisciplinares que promovam uma democracia mais inclusiva e colaborativa, em que o Estado, os movimentos sociais e a academia trabalhem em conjunto para construir sociedades mais justas e sustentáveis. Assim, este número da revista ConCienciaSocial convida-nos a explorar o conceito de hibridismo numa perspetiva crítica, incorporando tanto a tecnologia como as formas tradicionais de intervenção e ensino em Serviço Social. Os desafios actuais exigem que sustentemos e renovemos as nossas práticas sem perder de vista os fundamentos ético-políticos e a defesa e garantia dos direitos humanos e a proteção do ambiente como horizontes da nossa disciplina.     Instituto de Política, Sociedad e Intervención Social (IPSIS) de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) 2024-11-01 info:eu-repo/semantics/article info:eu-repo/semantics/publishedVersion application/pdf https://revistas.unc.edu.ar/index.php/ConCienciaSocial/article/view/46956 ConCienciaSocial; Vol. 8 Núm. 15 (2024): Abordajes Híbridos para un Trabajo Social contemporáneo; 8-13 2591-5339 spa https://revistas.unc.edu.ar/index.php/ConCienciaSocial/article/view/46956/47029 Derechos de autor 2024 Juan Carlos Sabogal Carmona http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0