O riso como vetor de violência: da piada à política
En diálogo con Minois, se sostiene que las democracias contemporáneas incorporaron el humor como un modo de gobernabilidad: un poder que “se ríe de sí mismo” se vuelve menos cuestionable. En línea con los enfoques críticos del humor (Billig, 2001; Roy, Olivier & Dufort, 2020; Bayarri Toscano...
Guardado en:
| Autor principal: | |
|---|---|
| Formato: | Artículo revista |
| Lenguaje: | Español |
| Publicado: |
Facultad de Filosofía y Humanidades. Escuela de Letras
2025
|
| Materias: | |
| Acceso en línea: | https://revistas.unc.edu.ar/index.php/heterotopias/article/view/51276 |
| Aporte de: |
| Sumario: | En diálogo con Minois, se sostiene que las democracias contemporáneas incorporaron el humor como un modo de gobernabilidad: un poder que “se ríe de sí mismo” se vuelve menos cuestionable. En línea con los enfoques críticos del humor (Billig, 2001; Roy, Olivier & Dufort, 2020; Bayarri Toscano & Fernández-Villanueva, 2025), el artículo analiza el caso del bolsonarismo y muestra cómo la risa se convierte en un engranaje de poder capaz de legitimar jerarquías, ordenar afectos e intensificar la polarización. El humor opera como ritual de pertenencia (“quien ríe, pertenece”) y como marcador de fronteras ideológicas, transformando la humillación del otro (racial, sexual o política) en placer estético compartido. A diferencia del carnaval bajtiniano, la inversión cómica deja de ser una excepción y se estabiliza como regla, generando una anestesia colectiva en un régimen de estimulación permanente. Aunque la tradición crítica del humor, de Rabelais a la sátira moderna, lo presenta como herramienta emancipadora, Billig advierte sobre su “lado oscuro”, especialmente eficaz cuando es movilizado por quienes detentan poder simbólico e institucional. En el gobierno de Bolsonaro, ese lado oscuro se expresó en chistes y burlas que minimizaron la pandemia, racializaron al adversario, hostigaron a la prensa y degradaron la vida pública a un espectáculo grotesco. Lo grotesco, así, deja de ser una excepción carnavalesca y se convierte en un estilo de gobierno: una estética del absurdo que ordena, captura y gobierna. |
|---|